Oferta anticrisis

18 01 2011

En esta época de crisis, donde hay más parados que coches oficiales (¡que ya es decir!), cualquier oferta de tabajo es buena, pero… imagínate que nos pagan por ello? debo estar soñando …





Historia de un despido

7 12 2010

¿Veis la ambulancia de Cruz Roja? Que pregunta tan estúpida, seguro que sí. Pues en una cosa de esas trabajaba yo hasta el otro día. Si habéis leído las entrevistas a diferentes cargos públicos os dareis cuenta de que no mentía cuando les decía a esos politcuchos que era conductor de ambulancia.

La empresa para la que trabajaba era Cruz Roja y conducía una ambulancia exactamente igual a la que ilustra este post. Comencé en julio de 2007 y finalice en octubre 2010. Sobre el día veinte del mes pasado, todavía trabajando, recibí en mi móvil un sms que decía que el veinticinco de ese mismo mes había una reunión con los jefazos, que llegaban de la capital. Simplemente pensé que vendrían para algo malo, como siempre que vienen. Lógicamente pensé en despidos pero estaba medianamente tranquilo sabiendo que hay gente que les sale más barato despedir que yo y que no soy un mal trabajador, sino todo lo contrario, y que mi superior me tiene en consideración. Por lo tanto estaba, repito, medianamente tranquilo.

Llegó el día de la reunión y media hora antes de la citación allí estaba yo, hablando con dos o tres compañeros y con una ligera idea de por donde iba a desarrollarse el asunto. A medida que llegaban más compañeros tuve la idea de preguntarles por el sms citándolos en la reunión. Cual fue mi sorpresa que buena parte de ellos no habían venido por que recibieran el sms, sino porque alguien le dijo que había reunión. Ahí me mosqueé, me dije para adentro que si a mí sí me mandaron el sms fue porque querían que yo estuviese presente en la dichosa reunión.

Llegó la hora de sentarnos todos y que hablar el Presidente con el Vicepresidente a su lado. Bien. Comentó que no había dinero, que la crisis y tal… Vamos, que se echaba gente, algo que era evidente. No dio nombres, simplemente dijo que no iba a echar a aquellos que tenían el blindaje sindical, tampoco a minusválidos trabajando legalmente y tampoco a cuarentones pues consideraba que tendrían más complicaciones para encontrar empleo que un joven, cuando España es líder en desempleo juvenil. No he buscado los datos pero creo que el paro juvenil es muy superior al paro veterano. Entendereis mi postura, cada vez más incómodo.

Levanté la mano para preguntar un par de dudas. La primera, si esos ocho trabajadores (tal como dijo el presi) ya sabían que no iban a continuar una vez finalizado el mes. Su respuesta fue que se le informaría al acabar la reunión (a la par que buscaba la mirada cómplice de alguien a su alrededor) o sino mañana. Acto seguido pregunté porque no avisaron con quince días de antelación, como procede legalmente. Dijo que no tuvieron más tiempo y que, como corresponde, pagarían al trabajador la ausencia de los quince días. Mi tercera y última pregunta fue el de decirle si Fulanito de Tal estaba en esa lista de ocho trabajadores – el nombre era el mío -. Viendo para los lados dijo que no procedía dar los nombres de los ocho despedidos delante de todo el mundo.

Al lanzar ésta última pregunta un compañero, más nuevo que yo en la empresa, me dijo que lo echarían a él antes que a mí porque llevaba menos tiempo. Las señas no las entendí muy bien y cuando el Presidente y el Vicepresidente se fueron pues tenían muchísima prisa (la reunión duró 15min aprox.) una vez fuera todos pude hablar tranquilamente con el compañero que me hacía las señas. Fue entonces cuando me explicó que había gente más novata que yo y que no tenía por qué preocuparme.

Volvimos a entrar todos los trabajadores de nuevo, con la única intención de que dijesen los nombres de los ocho trabajadores despedidos. Para entonces ya se habían ido el Presi y el Vice. La Secretaria empezó a decir nombre por nombre los ocho despedidos y el último en nombrar fui yo. Con un “¡¡venga ya!!” y un “¿qué dices?” mis ojos empezaron a ponerse llorosos a la par que pensaba en mi novia, su último mes de cobro por desempleo y nuestro hijo de tan sólo dos meses y medio de gestación. Lloré a más no poder, de rabia, de impotencia. En fin… no quiero extenderme más, pero lloré mucho.

Me arrinconé a una pared y mientras hablaba solo y mis lágrimas caían por mis mejillas, buscaba el teléfono de mi novia en la agenda del télefono. Me costó cuatro llamadas dar con ella y finalmente le un “me echan a la puta calle”, una noticia que ninguno de los dos quería oir y que, curiosamente, semanas antes hablamos de si no tuviera trabajo como haríamos.

La actitud de mis compañeros fue genial, no me la esperaba. Con el tiempo más de uno me demostró ser buena gente y que aquellas palabras de aliento y apoyo no eran simplemente eso, palabras.

Al día siguiente hablé con la Secretaria, firmé ‘no conforme’ los papeles del despido y me fui para mi casa. Al pensé en la indeminzación y en la liquidación, en el paro que se me quedaría y como gestionar todo para aguantar el tipo. No peleé, al poco tiempo, cuatro o cinco días fui al juzgado y firmé una nota donde mentían sobre mi labor, pues decía que había bajado el rendimiento y no sé que gilipolleces más, con el único objetivo de poder cobrar el dinero que me correspondía. Lo cobré en efectivo, más de un millón de pesetas llevaba en el bolsillo ese día, y me faltó tiempo para quitarme deudas de encima, darle un bajón a otro y arreglar el paro, que por fin lo finiquité hoy.

A las dos semanas de estar yo desempleado, en paro, la empresa me llama. El mandamás del área local se cita conmigo una tarde y tomando un café me dice que ha habido una nueva baja, ésta vez voluntaria, y querían que yo entrase en su lugar, pero que había un problema: tengo que devolver el dinero. Por sus palabras entendía que lo había cobrado por transferencia bancaria y que todavía lo tenía en mi poder pero la realidad, y así se lo dije, fue que lo había cobrado y que fue en efectivo. Le recordé que estaba despedido, que estaba en la calle y que si querían contratarme no entendía porque no lo hacían con un contrato nuevo. Sin asegurarme nada dijo que había que esperar un mes y en cambio, si devolvía el dinero, entraría próximamente a trabajar, con mi antigüedad y todos contentos, como si aquí no hubiese pasado nada. Le comenté que posibilidades había de trabajar desde cero, con contrato nuevo y simplemente dijo que lo hablaría y me llamaría.

A los dos días me llamó y lo primero que me dijo es que tenía que devolver más de un millón de pesetas, cantidad que él sabía que había cobrado, como le había dicho previamente. Mi respuesta fue clara y sincera: tal cantidad de dinero ya no estaba en mi poder. Me invitó a hablar con la Secretaria y eso fue lo que hice, un lunes. Una pérdida de tiempo y de medios estúpida, porque si hubiese hablado con la Secretaria por teléfono no hubiese pasado nada. El tiempo que estuve reunido con la Secretaria fue para responder a esta pregunta, atención: ¿cuanto dinero tienes en tu casa?. Increíble pero cierto. Le recordé que me habían despedido, que estaba en la calle con la parienta embarazada y que el dinero que estaba en mi casa era mío, para mi mujer y mi hijo. Mentí, le dije mil euros.

Después de aquello no volvieron a llamarme ni a interesarse por mí. Me cansé de esperar y once días después me reuní con el mandamás local peguntándole por mi situación, aunque era evidente que no contaban conmigo, pero creo que me conoce desde hace años, que jamás me he portado mal con ellos y que si tiene la jeta de pedirme un dinero que es mio o de preguntarme cuanto dinero tengo en mi casa, pienso que también tiene que decirme otras cosas a la cara. No saqué nada bueno, simplemente dijo que estaba cerrado, que habían sacado a la luz la vacante de conductor de ambulancias y que recibieron unos cuantos curriculums. Le recordé que estaba en la calle pero entonces me saltó con que no podían esperar dos meses, que era el tiempo mínimo que tenía que pasar para contratar un trabajador que previamente había sido despedido. Salté y le dije que eran diecisiete días, que me había informado. Que nada, que ya estaba todo hecho y que eran dos meses, o eso tenía entendido. Alargué un poco más la agonía pero nada, no había nada que hacer. Me despedí con un “para que luego digan que los niños vienen con un pan debajo del brazo” a la vez que se me ponían los ojos vidriosos. Me tocó el brazo y dijo que lo sentía mucho por mí, como en anteriores veces había dicho. Lógicamente no le creí pues creo que me llamaron por mi dinero, única y exclusivamente, y que si realmente quisieran que volviese, como me dijo la primera vez, harían algo más, como por ejemplo tramitar mi reincorporación como si hubiesen recibido el dinero.





El consumidor, según Víctor Manuel

6 12 2010

“El consumidor roba siempre que puede y no le pille”

Si me preguntasen a quien corresponde la frase no sabría muy bien qué responder. Lo que sí sabría muy bien es que no pensaría ni por un segundo en Víctor Manuel. Creería que sería cosa de algún pollo sin cabeza o algún pollo frito, probablemente el rey del pollo frito sin cabeza.

Me produce mucho asco la frase de un cantautor, que por otra parte, sería de total justicia que fuese recordado por su nefasta frase, que viene a reflejar lo más profundo de su pensamiento, y no por tirarse a la “Agag” Belén y/o sus discos de mierda, con todos mis respectos para quien se considere mierda.

¿Quién tiene la poca moral de bajarse algo de Víctor Manuel? Cualquier cosa descargada del Emule tras buscar “Víctor Manuel” es porno. O es porno o no existe, por lo tanto es porno.

Como diría Aznar en la intimidad…. “manda cullons”. Los consumidores somos ladrones y dando por sentado que quién más y quién menos es consumidor de algo, despejamos equis y el resultado es que todos somos sospechosos de robar. En ese caso… Telefónica o cualquier proveedor de internet es autor necesario o cómplice o básicamente está incitando al internauta a delinquir.

¿Que mierda es esta?… Internet no sale una pasta, o en otras palabras: estamos comprando a precio de oro las herramientas con las que “vamos a robar”. Para “arreglar” este desajuste aparece la SGAE y lo “soluciona” instalando un canon que todo humano debe pagar. Y digo yo… a ver si no va a ser que nos roban por dos lados y nos llaman a nosotros ladrones …